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El reto universal al que se enfrentan las escuelas en el siglo XXI.
Las competencias es un concepto que muchos países están implementando en base a definiciones y legislaciones propias, sin embargo, todas ellas tienen un marco común que lleva mas de 15 años desarrollándose en la Unión Europea y en la Unesco.
Con este marco Europa pretende establecer una visión educativa y unos objetivos comunes a todos los estados miembros. Poniendo el foco en un aprendizaje útil para la vida se pretende mejorar la calidad y la relevancia de las habilidades que las personas adquieren durante su escolarización, preparándolas para las exigencias del SXXI, un mundo cambiante, lleno de retos profesionales y con grandes desafíos a nivel global.
¿nuevo contexto?
Implementar las competencias en la escuela requiere replantear la visión general de toda la escuela. Afectará no sólo al currículo y la evaluación, sino también a nuestros objetivos, metodologías, entornos...
La sencilla lógica y sentido común del aprendizaje para la vida y las competencias, contrasta con el gran reto que supone su aplicación. Es necesario repensar y actualizar todos los elementos del sistema educativo, rol del profesor, del alumno y de la escuela en su totalidad.
Todo proceso de innovación y mejora requiere esfuerzo y cierta asunción de riesgos. Como motivación debemos poner en valor la importancia de adoptar un aprendizaje significativo para la vida, acorde al siglo XXI, dónde no sólo los alumnos puedan desarrollarse como personas, sino donde el profesor también encuentre significado a sus esfuerzos y a su trabajo.
El alumno debe ser el centro de su aprendizaje. El profesor puede preguntarse, ¿quién está haciendo la mayor parte del esfuerzo en el aprendizaje?. Si la respuesta es, el profesor, significa que es él, y no el alumno, el que está aprendiendo. En este caso, el profesor debe dar un paso atrás y dejar espacio para que sus alumnos sean los principales protagonistas.
¿cómo las aplico?
La reestructuración del sistema educativo inevitablemente conllevará una transformación del sistema de evaluación.
Pequeños cambios en nuestra forma de evaluar tradicional no serán suficientes para reflejar el rico contexto de las competencias.
Evaluación y metodología van de la mano, y una vez conozcamos y apliquemos las metodologías activas más adecuadas, la evaluación se complementará.
Existe flexibilidad para que cada centro y profesor aborde la implementación de las competencias teniendo en cuenta sus circunstancias, su entorno y su propio estilo. La realidad es que ningún profesor o maestro tiene tiempo o energía para sistemas de evaluación complejos y tediosos. Debemos diseñar procedimientos de evaluación prácticos, eficientes, flexibles y adaptados a la realidad del aula.
Textos, imágenes y logotipo:
Sonia González Varela